LA PUERTA CORREDIZA QUE DESLIZÓ MI REALIDAD
Rosa Inés cuenta su historia
Tenía 50 años. Era ejecutiva bancaria, miembro del comité ejecutivo, una mujer exitosa a los ojos de todo el mundo.
Y llevaba cinco años soltera, preguntándome una y otra vez: «¿qué es lo que no anda bien conmigo?»
Es la historia de una mujer que lo tenía casi todo resuelto… menos una cosa
Así empezó mi camino hacia el taller Nunca Más Sola, de Laura Bellarosa
El punto de partida no fue el amor
Fue perderlo todo
«Perdí un trabajo donde era alta ejecutiva bancaria, y con esa desvinculación —manejada pésimamente para mis estándares— se perdió una gran parte de mi identidad. Ya no me sentía tan segura ni determinada como antes.»
Mientras el piso profesional se movía bajo mis pies, también sostenía a un familiar afectado por el Covid. Un periodo drenante, de alerta constante, de sostener a otros sin que nadie me sostuviera a mí.
Ya había probado de todo antes:
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- Otros cursos de Laura Bellarosa (que fueron parte importante de mí transformación)
- PNL
- Terapia psicológica (para entender si la relación con mi padre —proveedor excelente, pero distante— tenía algo que ver)
- Aplicaciones de citas
Nada me llevó a ningún lado. La terapia, en particular, la abandoné sin ver frutos.
Y mientras tanto, sin darme cuenta, repetía frases que me mantenían atrapada:
«A este paso no voy a conocer a nadie.» «Demasiado bueno para ser verdad.» «Los hombres que están apareciendo solo quieren una mujer que los mantenga.» «Yo solo pido que el hombre respire.» (cero expectativas)
Ninguna la decía con desesperación. Todas las decía con humor. Y esa es la trampa:
Las creencias que más nos limitan son las que decimos en broma.
El momento de decisión no fue romántico
Fue de supervivencia
No entré al taller buscando el amor de mi vida. Entré buscando dejar de cometer los mismos errores.
«Necesitaba conocer y comprender las estrategias para no cometer los mismos errores, y poder abrirme conscientemente a una decisión de encontrar pareja, pero no como un salto al vacío sin paracaídas, sino con la certeza de poder hacerlo a través de un sistema estructurado, lógico, claro y de calidad.»
Me inscribí sin detenerme a pensar en el costo..
Lo que hice distinto:
Seguir el sistema de Laura Bellarosa al pie de la letra
Antes de abrir mi perfil, definí con claridad qué tipo de hombre y qué tipo de relación quería. Preparé una hoja de Excel con las características importantes para mí, separando lo negociable de lo no negociable.
- ✅ Abrí perfiles nuevos
- ✅ Usé un celular exclusivo para los contactos filtrados
- ✅ Aprendí el «embudo» para identificar con quién seguir y con quién no
- ✅ Apliqué las técnicas de las citas —antes, durante y después
Pero lo que realmente cambió todo no fue una técnica. Fue una frase:
«Mientras no exista una evidencia tangible de compromiso por parte del caballero, era libre y NO LE DEBÍA NADA A NADIE.»
«¡Solo esa frase me quitaba un gran peso de encima!»
Los obstáculos no desaparecieron. Se transformaron.
No fue un proceso sin fricción. Tuve que desmontar creencias muy arraigadas:
Que una relación seria tenía que ser larga, complicada y dramática para ser real
Que un regalo de un hombre implica una deuda emocional
Que responder rápido cada mensaje era sinónimo de disponibilidad amorosa
Y debajo de todo eso, el hallazgo más grande:
«Yo era el hombre de la relación, yo lo daba todo. Sentía que tenía que demostrar que un hombre no tenía que darme nada, pero nunca logré sentirme protegida ni admirada.»
El momento «wow» llegó con una sola pregunta que nunca me había hecho:
«¿Y tú, eres esa mujer que ese hombre está buscando?»
Casi un año después de terminar el taller: La puerta corrediza
No fue una aplicación. Fue una cena entre amigos, en un restaurante elegante de la ciudad.
Llegué tarde. Él, extranjero, vacacionaba cada año en mí país. No hubo flechazo. Apenas me habló durante la cena.
A la tercera copa, me levanté a buscar el baño. Empujé la puerta. Tiré de ella. Nada. La zarandeé hacia adelante y hacia atrás sin éxito, hasta que —en medio de mi torpeza— busqué ayuda con la mirada y la encontré en él.
Se acercó, tomó el manubrio, y deslizó la puerta hacia un lado.
La puerta era corrediza.
Los dos estallamos en risa al mismo tiempo. Y sin pensarlo, solté la frase que hoy sigue siendo la broma privada de mi matrimonio:
«Lo que acaba de pasar, ¡no puede salir de este tocador!»
Esa noche nos despedimos sin intercambiar teléfonos. Me fui tranquila, sin darle más vueltas al asunto.
Dos días después, otra cena —organizada porque él lo había pedido. Y al día siguiente, él tomó la iniciativa: me escribió por WhatsApp pidiendo consejos sobre un viaje. Le respondí. Me confesó que no quería ir solo.
Cuatro días juntos en la playa, siempre con respeto de su parte. Un almuerzo de despedida.
Y desde entonces, mensajes todos los días, flores y regalos desde el extranjero.
EL RESULTADO, EN NÚMEROS Y EN HITOS
8 meses después: Formalizamos la relación
3 meses después: Anillo de compromiso, en enero de 2023
Enero 2024: Matrimonio civil en Suiza
Noviembre 2024: Boda religiosa en República Dominicana, 100 invitados
Hoy: vivo entre Suiza y República Dominicana
Me casé a los 53 años
Desde que entré al taller hasta la boda: aproximadamente 2 años
Y los padrinos de la boda fueron, precisamente, los mismos amigos que organizaron aquella primera cena.
La transformación no fue conseguir marido. Fue dejar de necesitar uno
«Antes pensaba que encontrar al hombre correcto dependía principalmente de la suerte o de conocer a la persona indicada. Hoy sé que primero tenía que convertirme en la mujer que ese hombre estaba buscando.»
Lo que más valoro hoy no es la boda. Es la conciencia que desarrollé para elegir, y no solo para esperar ser elegida.
«Para mí lo más importante era sentirme elegida, priorizada, distinguida y amada. Después de tener eso, todo lo demás encuentra su modo de materializarse.»
¿Qué le diría a una amiga que anhela encontrar una buena pareja?
«Le diría que use este tiempo para trabajar sobre ella misma. Que cambie el modo de hablar sobre su proceso. Que se abra a experiencias, personas y modos de hacer nuevos —sin comprometer sus principios ni su espiritualidad.
Todos esos pensamientos de que ‘se está acabando el tiempo’ lo único que hacen es arruinar el estado interior que atrae las circunstancias para que la vida sea mejor en todos los sentidos.»
La frase que resume mi historia:
«Tener paciencia y perseverancia desde un estado de plenitud, con actitud lúdica y convencida de que mi Señor cumple Sus promesas.»
No buscaba un marido. Buscaba dejar de repetir las mismas historias.
Encontré las dos cosas — y una puerta corrediza fue el detalle que las unió.


