YO PODÍA SOLA, PERO NO QUERÍA ESTAR SOLA
Marly cuenta su historia
Tenía 42 años. Contadora pública, madre soltera de dos hijos, ocho años sin convivir con una pareja desde que me separé del padre de mis hijos. Nunca me había casado. Y tenía una vida que, en todas las áreas menos una, funcionaba muy bien.
Yo era una mujer “tipica” y mi círculo social estaba lleno de mujeres exactamente en mi misma situación:
Sin pareja, sin tiempo, sin saber dónde conocer a un caballero
Así empezó mi camino hacia el taller Nunca Más Sola, de Laura Bellarosa
No era que no quisiera pareja. Era que le tenía miedo
Había salido de Venezuela y vivía en Colombia con mis hijos —mi hija mayor de 16, mi hijo menor de 11. Después de años enfocada casi por completo en mi carrera, por fin tenía tiempo para mirar hacia adentro.
«Yo sí deseaba tener una pareja y formar un hogar, pero al mismo tiempo sentía mucho miedo de vincularme profundamente con alguien.»
Me costaba confiar, mostrarme vulnerable, permitir que otra persona entrara realmente en mi vida. Sobre todo, tenía miedo al abandono.
«¿Por qué, si puedo desenvolverme bien en tantas áreas de mi vida, no logro construir la relación de pareja que deseo? ¿Qué hay de malo en mí?»
Mi dolor no era solamente no tener pareja. Era desear profundamente el amor y, al mismo tiempo, sentir miedo de vivirlo.
En mis intentos había probado:
- Cursos y terapias de crecimiento personal
- Constelaciones familiares, que me ayudaron a entender cómo el abandono de mis padres y la crianza con mis abuelos habían marcado mi manera de relacionarme con los hombres
- Nunca aplicaciones de citas —me daban demasiado temor
«Lo que seguía sin funcionar era el patrón que repetía en mis relaciones: tendía a ayudar al hombre, resolverle, apoyarlo económicamente y ocupar un lugar más parecido al de una madre que al de una pareja.»
Eso me daba la sensación de control. También me frustraba, porque en el fondo yo quería sentirme cuidada, no cuidar a otro adulto.
Las creencias que de verdad me frenaban no eran las obvias
Nunca pensé que todos los hombres fueran iguales, ni que a los 42 fuera tarde para encontrar pareja. Mis verdaderas creencias limitantes eran otras, más silenciosas:
«Si dependo de un hombre, puede abandonarme.» «Si yo mantengo el control, no podrán hacerme daño.» «Si el otro depende de mí, será más difícil que se vaya.»
Desde niña había recibido el mensaje de que debía ser independiente y nunca depender de un hombre. Un consejo nacido del amor —pero que yo llevé al extremo de sentir que tenía que hacerlo todo sola.
El momento de decisión llegó en plena pandemia
En 2020, en Colombia, buscando información sobre desarrollo personal, encontré el Congreso del Amor Irresistible. Ahí conocí a Laura Bellarosa. Hice otros cursos con ella y, cuando presentó Nunca Más Sola, me inscribí.
«Si realmente quiero encontrar una pareja y construir un hogar, necesito prepararme y aprender a hacerlo de una manera consciente, segura y diferente.»
Las aplicaciones de citas seguían dándome temor —no sabía cómo protegerme ni cómo reconocer las verdaderas intenciones de alguien detrás de una pantalla. El taller me cayó como anillo al dedo: no solo enseñaba a conocer personas por internet, sino a prepararme emocional y mentalmente para reconocer, elegir y construir.
Lo que hice diferente: UNA HOJA DE EXCEL
Antes de abrir mi perfil, definí con claridad qué tipo de hombre y qué tipo de relación quería. Preparé una hoja de Excel con las características importantes para mí, separando lo negociable de lo no negociable.
- ✅ Abrí perfiles en dos aplicaciones, mostrando quién era y qué buscaba —sin aparentar
- ✅ Filtraba antes de involucrarme: revisaba perfil, intereses, forma de expresarse
- ✅ Conversaba con intención pero sin interrogatorio: familia, hijos, trabajo, valores, proyectos a futuro
- ✅ Dejé de perseguir y empecé a elegir
«Comprendí que no tenía que convencer a nadie, rescatar a un hombre ni abrirle la puerta a todo el que mostrara interés.»
Colombian Cupid, dos meses y medio, y un «hola» sencillo
Comencé el taller el 1 de junio de 2021. A mediados de agosto —dos meses y medio después— él vio mi perfil en Colombian Cupid y escribió un simple «hola».
Antes de responder, revisé cuidadosamente su perfil, como había aprendido. Muchas de sus características coincidían con la hoja de Excel. Le respondí que me había gustado su perfil. Él dijo lo mismo del mío.
«Podíamos pasar dos o tres horas escribiéndonos sin darnos cuenta.»
Él vivía en Estados Unidos, yo en Colombia. La relación fue virtual unos tres meses, hasta que él viajó a Colombia a finales de octubre. Después de ese encuentro, formalizamos como novios.
En diciembre viajé a Estados Unidos para pasar Navidad y Año Nuevo con él y conocer a sus hijas.
En junio de 2022 viajamos todos a Orlando —mis dos hijos, sus dos hijas— para empezar a integrar las familias.
Nos comprometimos en octubre de 2022, un año y dos meses después de conocernos.
El obstáculo mayor no fue él. Fui yo, soltando el control
Durante años aprendí a ser fuerte, independiente, resolutiva. Abrirme emocionalmente, confiar, dejar que otra persona también tomara la iniciativa, fue el verdadero trabajo.
También cargué con la culpa de dedicar tiempo a mi vida de pareja:
«¿Y si esta relación no funciona? ¿Habré descuidado a mis hijos por algo que no valía la pena?»
Con el tiempo entendí que ser madre no anulaba mi derecho a ser mujer y a construir una vida en pareja.
La confirmación de que algo distinto estaba pasando llegó cuando empezamos a buscar casa, y él tuvo en cuenta que necesitábamos espacio también para mis hijos. Ahí supe que no estaba pensando solo en una relación conmigo, sino en un proyecto de familia que nos incluyera a todos.
El resultado, en números y en hitos
2.5
Meses tardó en conocerlo desde que inició el taller
14
Meses de noviazgo antes del compromiso formal
USA
Su nuevo hogar y país
de residencia
Hoy construimos una familia ensamblada con sus dos hijas y mis dos hijos.
La transformación no fue casarme. Fue aprender a dejarme querer
- «Aprendí a confiar más en mí, en mis decisiones, y en la posibilidad de construir una relación sin vivir desde el miedo ni desde la necesidad de controlarlo todo.»
- Comprendí que podía seguir siendo fuerte e independiente y, al mismo tiempo, abrirme al amor y a construir un verdadero equipo.
- «Si alguien me hubiera dicho hace cinco años que iba a conocer por internet a un hombre compatible conmigo, mudarme a otro país, casarme por primera vez y construir una familia junto a él, no lo habría creído.»
Si hoy tuviera enfrente a una amiga que se resigna a estar sola
«No busques solamente que alguien te elija. Aprende tú también a elegir.»
«Ser una mujer fuerte e independiente no significa que tengas que hacerlo todo sola. Puedes mostrarte vulnerable, dejarte querer, recibir apoyo, y seguir siendo tú misma.»
«Amar a tus hijos no anula tu derecho a ser mujer, a construir una vida afectiva y a compartir el camino con una pareja.»
Los hombres buenos sí existen —pero hay que prepararse para reconocerlos, elegirlos, y estar dispuesta a construir la relación cada día.
La frase que resume mi historia:
«Yo podía sola, pero no quería estar sola. Aprendí que no tenía que dejar de ser una mujer fuerte para permitirme amar, confiar, recibir y construir en equipo.»
Antes pensaba que, para sentirme segura, tenía que mantener el control y resolverlo todo sola.
Hoy sé que puedo seguir siendo independiente y, al mismo tiempo, dejarme querer.




